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La Batalla de Lopera

El 24 de Diciembre de 1936 Lopera se convirtió en un pueblo fantasma cuyos vecinos lo abandonaron temerosos de la cercana línea de fuego.

 

El día 23 de Diciembre llegaron a Lopera algunos miembros de las Brigadas Internacionales, pertenecientes al 9º Batallón, la madrugada del 23 se escuchó una tremenda explosión que atemorizó a los vecinos del pueblo, el puente del Arroyo salado había sido volado, lugar por el cual se suponía atacarían los nacionales.

Llegando el alba del día 24 los vecinos comenzaron a abandonar Lopera, algunos con coches huían a Jaén o la localidad vecina de Porcuna, otros lo hacían por los caminos en busca de refugio en los cortijos existentes en los alrededores.

La decisión de enfrentarse ambos ejércitos ya estaba tomada a mediados de diciembre y para ello se acumulaban fuerzas a uno y otro lado del frente de combate. El número de efectivos dispuestos para esta batalla muestra la importancia que daban al resultado de la misma. Por parte de los nacionales se crearon dos columnas al mando de los coroneles Redondo y Gómez Cobian, que contaban con unos efectivos de siete batallones, seis escuadrones y seis baterías, además de otras unidades complementarias y fuerzas del sector franquista de Granada. En el lado republicano bajo el mando del teniente coronel Hernández Sarabia había varios batallones de milicias de Málaga, Ciudad Real, Córdoba y Jaén, además de efectivos de caballería, unos doscientos jinetes y tres baterías. A ellos se les uniría la XIV Brigada Internacional compuesta de cuatro batallones y la III Brigada Mixta del Comandante José María Galán que venía con la moral muy alta después de su vencimiento en el frentede Madrid.

En la batalla que tendría como frente principal inmediaciones y el pueblo de Lopera, tendrá una relevancia importante la XIV Brigada Internacional formada con precipitación en Albacete y enviada bajo el mando del General Walter a Andújar. Estaba formada por cuatro batallones el 9 el 10 el 12 y el 13. una batería de artillería y otras unidades complementarias además del servicio sanitario. Dentro del 12, mayoritariamente francés, conocido como el “marsellés”, se hallaba la 1ª Compañía Inglesa que tendría un trágico protagonismo en la batalla.

El general Walter después de un reconocimiento del terreno y de acuerdo con los mandos españoles, decide iniciar el ataque el 27 de Diciembre y apoderarse de Lopera con el objetivo de alcanzar la línea de Villa del Río, Bujalance y Cañete y de paso recuperar Montoro. La XIV Brigada internacional actuaría de punta de lanza, situándose el batallón 13 en el centro, el 10 a la derecha y el 12 a la izquierda del avance.

El día 27 comienza la ofensiva republicana, dirigiéndose hacia Lopera. Algunos soldados son transportados en camiones y otros van caminando en filas a uno y otro lado de la carretera. En vanguardia va la 1ª compañía inglesa compuesta por unos 145 voluntarios de ellos, unos 43 formaban una sección de voluntarios irlandeses. Van confiados y cantando cuando de repente aparece por el cielo varios Fokkers alemanes que les disparan con ráfagas de ametralladoras. La Batalla ha comenzado, los que van a bordo de camiones los abandonan los que van a pie se disperasan buscando refugio en los árboles, pero pronto comprueban que los olivos eran poco eficaces para esconderse de los aviones. Tras las primeras bajas, reciben la orden de abandonar la carretera para continuar el avance campo a través diseminados.

Cuando consiguen llegar a las proximidades del pueblo, que según sus informaciones estaba abandonado descubren horas antes que había sido tomado por el grueso de la columna de Redondo, formada por tropas de regulares, requetés de Sevilla, Córdoba, Huelva, Granada, Cádiz y Jerez, dos escuadrones de caballería marroquíes, un escuadrón de policía montada de Sevilla y otras unidades.

Los voluntarios de las brigadas internacionales continuaron avanzando y desde una hondonada conocida como “el saetal”, intentaron desalojar a una de las tropas que se habían hecho fuertes en una de las colinas que daban el acceso fácil al pueblo. La conquista de estas colinas era imprescindible y se encomendó a la 1ª compañía inglesa. Subieron cargados de armamento después de una jornada a pie era muy difícil y arriesgado. En las primeras acometidas caen muchos voluntarios entre ellos el escritor Ralph Fox responsable político de la compañía. Al anochecer los ingleses consiguieron situarse en una colina de la cresta muy próxima al pueblo pero dejaron el asalto final para el día siguiente. Para pasar la noche retrocedieron un poco, hasta un montículo anterior más defendible y excavaron unos refugios para repeler posibles ataques y protegerse del frío. En el lado nacional también sufrieron numerosas bajas de requetés y los aviones al llegar la noche se replegaron, momento el cual aprovecharon para avanzar. De los 600 componentes del batallón republicano número 9 tan solo un centenar sobrevivieron.

Al día siguiente el 28 de diciembre, la avanzadilla inglesa que se encontraba en las cercanías del pueblo observa con estupor como las primeras luces del amanecer comienzan a salir numerosas tropas del pueblo y toman posiciones en las posiciones cercanas al lugar que ellos ocupaban de forma que prácticamente estaban envolviéndolos. Sin embargo tenían orden de no abrir fuego porque del lado republicano se estaba preparando un número elevado de efectivos para una gran ofensiva en ese sector. Cuando comenzó el fuego, ya no era cuestión de tomar el pueblo sino de salvarse volviendo a la base de la colina siguiendo la orden de retirada que les dio su capitán Nathan. El descenso de este grupo entre el fuego cruzado costó la vida a John Cornford que el día anterior cumplió 21 años. Las calles de Lopera fueron escenario de una encarnada lucha entre tropas franquistas y republicanas.

EL combate fue intensísimo en las primeras horas de la mañana, concentrándose las diferentes fuerzas a lo largo de ese frente, proximidades de la carretera de Marmolejo, el “cerro San Cristobal”, carreteras de Arjona y Porcuna y el centro de la zona de “el saetal”, donde ya habían tenido lugar los enfrentamientos más encarnizados la víspera entre ingleses y fuerzas del requeté. Durante ese día según Copado, que permaneció en el hospital “llegaban muertos y heridos en cantidades impresionantes”, casi todos los oficiales de requeté habían caído heridos. Añade Copado que los disparos de cañón lanzados sobre el pueblo sobrepasaron los ochocientos.

El día 29 el teniente coronel Redondo decidió tomar el pueblo de Porcuna dejando el batallón de Cádiz como retén en Lopera confiado en que ante la ferocidad de los combates del día anterior los republicanos tomarían un pequeño respiro. Lopera seguía siendo bombardeada a primeras horas mientras las tropas franquistas se dirigían hacia la localidad de Porcuna, sin embargo las tropas republicanas allí concentradas lograron rechazarlos. A media mañana los republcianos del sector de Lopera reiniciaron sus ataques con tal virulencia que sorprendieron al enemigo que formaba las avanzadillas del pueblo y que constantemente pedían refuerzos y municiones para contener la ofensiva.

Las tropas Franquistas, totalmente superadas, pensaban que de un momento a otro el pueblo podía caer en manos republicanas. Ante esta situación Redondo suspendió el ataque sobre Porcuna y ordenó volver a los requetés de Huelva, Jerez y Córdoba. Los soldados del batallón de Cádiz recibieron la orden de calar sus bayonetas e iniciar un cuerpo a cuerpo que sorprendió a sus atacantes. El grueso de las actividades bélicas de la zona acabaría con la toma de Porcuna en donde entraron el 31 de diciembre las primeras tropas franquistas tras el repliegue de las tropas republicanas.

Cuando acabó la batalla de Lopera, concentrada en tres intensísimos días del 27 al 29, fue el momento del recuento de heridos y muertos. Del lado republicano se han dado diversas cifras, pero no cabe duda que fueron muchísimos los muertos y un número superior de heridos. Del lado Franquista se dan en el libro de Copado los nombres y apellidos de los muertos habidos en estos tres días. En diversas fuentes se dice que el campo de batalla está sembrado de cadáveres.

 

CARMELO MEDINA

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